6 de noviembre de 2015

C A Ñ I T A S

Hace unos días me encontraba cambiándole a la televisión en plan idiota en pleno halloween mientras esperaba a los niños de la colonia para repartirles dulces (muy aseñorado el hecho de que ahora soy la que reparte los dulces en vez de pedirlos... ¡DETÉN TU VENGANZA ADULTEZ!) cuando de repente apareció ante mi ese clásico del imaginario mexicano llevado a la pantalla bajo el implacable látigo de la mala calidad y el bajo presupuesto: CAÑITAS, LA PELÍCULA.

Sí: Cañitas; el Ente, el árbol, la luna y esa macabra atmósfera azul
llevada a la pantalla grande para destruirnos a todos

Obviamente me empecé a reír y le avisé a mis amigos más cercanos que Cañitas, la película, o como su nombre oficial dicta: Cañitas: Presencia; estaba en la televisión y mi éxtasis disminuyó cuando recordé el porqué no la vi completa hace unos años en internet y es que Cañitas: Presencia, es un insulto. Un bodrio.

Si no la has visto, vela y sabrás a lo que me refiero (si es que aguantas a verla toda). Si ya la viste, te invito a que recuerdes aquella escena del niño poseído en el taxi. LOL y más LOL.

Pero bueno, hablemos de Cañitas.

Quiero creer que la mayoría de los mexicanos, o al menos, una buena parte, sabe qué es eso de Cañitas. Habrán leído el libro, o lo habrán visto en alguna librería, habrán tenido la desgracia de ver visto la película, escuchado sobre Cañitas o de manera incidental, haberse topado con Carlos Trejo en algún programa de variedades hablando sobre fantasmas. De cierta forma no hay escapatoria.

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Ahora bien, si no conoces absolutamente nada de esto, aquí un resumen:

¿Quién es Carlos Trejo?

Carlos Trejo versión kawaii

Sinceramente no tengo NI IDEA. Tengo entendido que se auto proclamó líder de la asociación internacional de los cazafantasmas (¿eso existe?) y se dedica... bueno, a eso, a ser cazafantasmas. 

Pero por allá de 1982 era un joven común y corriente con una hermana algo... rara, la cual consiguió una ouija y desató LA MALDAD en su casa, la cual está en la calle de Cañitas. De ahí es de donde viene todo el merchandising y los souvenirs, por si se lo preguntaban.



¿De qué trata Cañitas?

Sinopsis sacada de mis recuerdos, no es muy exacta que digamos pero ahí va...

La historia va más o menos así. Norma, hermana de Carlos consigue un buen día una ouija y decide llevarla a la casa de Cañitas para intentar comunicarse con su ex novio muerto, pero para su mala fortuna, terminó desatando al mal mismo. 

Cosas terribles empiezan a ocurrir como que una sombra encapuchada aparece paseándose por toda la casa mientras aterroriza a sus habitantes, olores fétidos y fríos súbitos, posesiones, cosas que se mueven de lugar, camas que se azotan (y no precisamente por actos de placer...), vidrios que explotan, gente que comienza a morir, Biblias que sangran, brujas aparecidas y demás parafernalia que acompaña a los eventos paranormales.

Carlos, en su desesperación por saber qué demonios está pasando consigue que un padre vaya a bendecir la casa SPOILER SALVAJE: EL PADRE MUERE TAMBIÉN pero no logran aplacar la ira del maligno, así que se pone a investigar y descubre que la casa está construida sobre un cementerio antiguo por lo que supone que la furia del ENTE (el encapuchado anteriormente mencionado) es implacable debido a esto.  

El tiempo va pasando y las víctimas van aumentando. Al final del libro viene una lista de toda la gente que murió en esta aparentemente historia real. No me acuerdo en qué termina Al final creo que no logran erradicar al mal de raíz, por lo que se dice que en la casa de Cañitas aún ocurren sucesos extraños...

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Cañitas es una especie de ENTE (valga la redundancia) que llegó para quedarse. Está muy incrustado en nuestro imaginario colectivo y te aseguro que es la lectura no oficial de casi todas las secundarias del país.

Precisamente fue en la secundaria cuando supe de la existencia de Cañitas.

Un buen día alguna de mis amigas llegó con el libro. Nunca supe si lo compró, si se lo regalaron o si se le apareció (claro, para darle un halo de misticismo al asunto) o si de plano se le manifestó. 

En su momento pensé que "Cañitas" era el nombre del personaje que aparece en la portada, algo así como "el demonio Cañitas". Se decidió que entre todas íbamos a leer el libro en los recesos ya que a mi amiga le habían dicho que "era una historia muy buena que daba mucho miedo".

Íbamos en primero de secundaria. Recién salidas de la primaria. Obviamente Cañitas nos perturbó y obsesionó a tal grado de que cada día el libro se rolaba entre nuestro grupito de amigas para que lo leyéramos hasta donde alcanzáramos y al otro día entre todas lo volviéramos a leer.

Siempre me gustó pensar en esta escena: un montón de adolescentes de entre 12 y 13 años que estudiaban en escuela católica volviéndose locas por un libro que hablaba sobre el mismísimo maligno y cual secta, se reunían religiosamente en las escaleras del salón de dibujo técnico en cada receso para entrar en trance y malviajarse con la lectura. Éramos súper radicales.

Poco a poco más gente se nos fue uniendo y el asunto se salió de control. Pasó lo que tenía que pasar: el libro se perdió. Alguien se lo habrá quedado o simplemente lo habrán perdido, pero en nuestro hype Cañitesco llegamos a la conclusión de que EL LIBRO ESTABA MALDITO Y GOZABA DE RAZONAMIENTO PROPIO, SE HARTO DE NOSOTRAS Y DECIDIÓ ABANDONARNOS. 

CLARO. Además en esa época circulaba el rumor de que en la biblioteca estaba "el libro rojo" (ese libro al que le preguntas cosas y en la página en que lo abras está la respuesta) así que ya estábamos bastante ciscadas de por si. 

Yo que soy una persona bastante miedosa (y medio masoquista, por que me dan miedo estas cosas pero de igual modo me gustan) la pasé MAL cuando leímos Cañitas, sí, admito que me dio muchísimo miedo en su momento. Y para mi fue un alivio el hecho de que el libro maldito se alejó de nosotras. Pero el gusto me duró poco, ya que le había contado a una prima sobre Cañitas y la malvada se las arregló para conseguir una copia del libro y "la tradición de la lectura" siguió cada fin de semana que pasábamos en la casa de los abuelos. 

Por si se lo preguntaban: sí, ese libro también se perdió. 

Maldita sea. 




Hoy día en pleno 2015 me parece bastante entretenido acordarme de toda esta onda que tanto miedo me causó allá por principios de siglo. Luego de superar mis temores,  fue cuando decidí ver la película solamente por "la nostalgia de la secundaria" pero como ya lo mencioné al principio, la película es pésima, por lo que prefiero quedarme con el recuerdo del libro. 

Independientemente de que si Carlos Trejo es un charlatán, de que si la historia de Cañitas nunca pasó o que todos son cuentos absurdos, Cañitas será para mi un gusto culposo, de esa literatura barata que existe para pasar el rato, y que al final de todo, nos guste o no, una historia de esas que se quedan en la colectividad para la eternidad. 







Por cierto,  si buscas la casa de Cañitas en google maps no hay nada fuera de lo común... 







A veces me gusta a imaginar una pelea tipo Celebrity Deathmatch entre Carlos Trejo y Jaime Maussan... Qué onda mis pensamientos adolescentes. 




19 de octubre de 2015

Baby Wars

Hace 4 años publiqué cierta entrada coqueta en donde hago una recopilación de sucesos "épicos" de mi infancia. En esa ocasión no incluí uno que a mi parecer, es el más épico-bizarro-absurdo-estúpido que me ocurrió, ya que decidí hacerle su propia entrada "después". Y he aquí ese después 4 malditos años después, pero como dicen por ahí, más vale tarde que nunca.

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En una ocasión llegó a nuestro hogar una señora con una niña. La niña era más o menos de mi edad (me encontraba en algún punto entre los 6 y los 7 años) así que "se nos hizo fácil" ponernos a dibujar sin siquiera preguntarnos nuestros nombres.

La señora en cuestión era una ¿amiga de mi mamá? ¿conocida? ¿vecina?, realmente no recuerdo, pero había ido a nuestro pequeño hogar a que mi madre le hiciera una blusa o algo parecido y la muy inteligente no llevaba la tela y a última hora mi madre le tuvo que solucionar la vida. Total, nos dijeron que nos quedáramos dibujando en lo que salían a comprar/conseguir/ver/admirar la tela y que "no se iban a tardar, pero que si se tardaban pues que las esperáramos, ni modo". Después de todo, ¿qué podrían hacer dos mocosas aparte de perder el tiempo dibujando en el piso?..... ¿matarse?, naaaah...... ¿¡O SI?!

Después de la amarga experiencia de aquella vez en la que mi madre salió del hogar y me quedé sola (punto 6 de la entrada que se menciona al principio) quedó MUY claro que le bajara a mi drama y me recomendaron hacer otras cosas para pasar el rato por si me quedaba sola en casa, por lo que casi siempre tenía colores y hojas en el piso de la sala o mis juguetitos ahí para entretenerme. Y específicamente en aquella ocasión, estaba acompañada, así que, no tenía porqué darme otro de mis ataques de ansiedad y todo esta pintado para pasar un rato bomba dibujando con la niña.

Estábamos pintando alegremente cuando pasó algo que no me explico, algo que no tiene explicación coherente de por si, pero simplemente pasó.

De pronto me acordé que en el baño había un bote con rastrillos (Gillette) (porque mi papá los compraba por tiras y los guardaba en ese bote) y no sé porqué le revelé a esta niña aquel "secreto de señor" y se nos ocurrió "jugar a la guerra" usando los rastrillos como si fueran espadas.

MUY BIEN.
Tomen todos las armas, nos vamos a la guerra.

En menos de tres segundos cada una ya tenía un rastrillo en la mano y empezamos a "atacarnos" agitando los rastrillos frente a nosotras como imbéciles, tomando en cuenta que ni siquiera estábamos cerca de la otra, así que si alguien nos hubiera visto, se hubiera partido el lomo de la risa.

Sinceramente no recuerdo si le causé alguna herida o algún mínimo rasguño ya que lo que sigue pasó tan rápido que me desquicié y con el tiempo mi mente ha borrado recuerdos pero fue algo más o menos así:

Nuestra sofisticada coreografía con rastrillo en mano empezó a ser cada vez más mortal ya que poco a poco nos acercábamos, dispuestas a cortarnos la yugular porque estábamos en la guerra y es bien sabido que en la guerra todo se vale y alguien tiene que ser derrotado para que haya un ganador, obviamente nuestras pequeñas e inexpertas mentes en ningún momento se detuvieron a pensar si "jugar" con rastrillos era una buena idea y mucho menos nos detuvimos a evaluar los daños que SEGURAMENTE iban a ocurrir.

Cuando de pronto ocurrió. Un pedazo de mi muñeca fue rasurado entre tanto movimiento y al ver la sangre y sentir un ligero picor grité PIDOS, PIDOS! y la matanza fue pausada momentáneamente. ¿La solución? lavarme la herida y enrollarme la mano entera con papel de baño y seguir "jugando", claro.

Al estar lisiada y siendo la mano derecha la afectada, me puse a atacar con la mano izquierda y mi skill de espadachín bajó considerablemente.

Para mi mala suerte, tropecé y me caí de sentón, viendo de frente a mi enemiga, la cual tenía una mirada de VICTORIA y SANGRE en sus ojos, que la verdad a esas alturas, si me dio miedo, por lo que empecé a arrastrarme hacia atrás tratando de escapar de ella.

En ningún momento se me ocurrió decirle que le bajara a su intensidad, que no me atacara porque estaba en clara desventaja, o decir el típico "ya no juego", y para colmo, desde que tengo memoria me gusta estar descalza cuando estoy en casa, así que que esta niña me vio como carnita fresca y se me aventó con el rastrillo en alto para terminarme de matar de una buena vez, pero alcancé a hacerme para atrás un poco más, provocando que la morrita cayera de panza al piso pero no sin antes rasurarme un trozo de tobillo.

Crestomatía
Y así fue como la morrita quedó casi sin aire en el piso y yo quedé de igual manera pero casi sin sangre drama queen detected tratando de asimilar qué carajos había pasado...

Cuando de pronto, algo en mi mente me dijo "¿ves tu sangrita? si no pones en orden todo va a llegar tu mamá y con esa misma sangrita va a trapear todo el piso y no te la vas a acabar" así que EN FRIEGA me levanté, le quité el rastrillo a la niña y junto al mío los envolví en papel de baño y los tiré a la basura (siempre he pensado que si envuelves lo suficientemente bien algo con papel de baño te deshaces de la evidencia......) repetí el mismo proceso de "curación" en mi tobillo, e incluso, me puse calcetines y zapatos y fui con la niña y le dije que se levantara porque si no "nos iban a regañar".

Después todo es confuso, pero llegaron nuestras madres y nosotras seguimos dibujando entre uno de los silencios más incómodos que me ha tocado vivir. Al rato la señora se fue llevándose consigo a la pequeña carnicera, de la cual, nunca supe su nombre y nunca más la volví a ver.

Los siguientes días fueron una lucha constante ocultando mi falta de carnita porque era más que seguro que me iba a regañar mi mamá. Y al día de hoy me quedaron dos pequeñas cicatrices como recuerdo de aquel día y una bonita historia para contar.

A veces me pregunto si así como yo cuento esta historia esa misma niña hoy mujer la cuente a su manera....

Recuerdo de mi menstruación mis 6-7 años



19 de julio de 2015

La apoteosis de mi vida

Tú, leyendo este blog

  Toda mi vida he tenido la sensación de que llego tarde a las cosas. Bueno, para empezar en el día a día, si alguien me cita a las 11, por más temprano que me levante y me aliste, por cosas crueles del destino, llego a las 11:30. Y eso si bien me va. Pero ya llegar a las 12 sería un descaro, cosa que por suerte, no me ha pasado aún.

Hagamos un resumen. 

En primera, no sé por qué escribo en plural. Tal vez solo tengo un lector, o ni eso. 

Hace algunos años, en el 2008 me parece, me dio por abrir este blog y empezar a contar cositas varias de mi vida diaria y del país. Luego dejé lo del país de lado y me enfoqué en las cositas varias de mi vida diaria y le agregué pendejaditas y algunos textos con un ligero valor literario. Aquí es cuando creo, tuvo algo de relevancia este mugrero. Luego, pasó algo que se llama "sutil mezcla de flojera, valemadrismo, falta de disciplina y ahorita escribo algo", para finalizar en este hermoso cóctel de dejar de escribir, de dibujar y de ocuparme de mi propia vida porque... DEPRESIÓN, que le calculo más o menos unos dos años y medio desde que eso empezó a atormentar mi cabecita. 

Ahora que ya estamos actualizados en cuanto a mis desplantes, dejen que ponga en orden mis pensamientos para poder seguir escribiendo. 


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A todo esto... por qué demonios, llamaría a esta etapa de mi vida: LA APOTEOSIS. EL CULMEN (amo esta palabra). LA FIESTA MÁXIMA DE ANUKA.... ¿?

Pues fácil. FOQ DE POLÍS.

Si sigo echándole más limón a la herida, más leña al fuego o más fuego a la herida (?) la DEPRESIÓN nunca se irá, así que MEH.

***

Continuemos.

¿Por qué siento que toda mi vida he llegado tarde? Fácil, porque así es.

Cuando iba en la secundaria, casi todas mis amiguitas tenían un blog y escribían cositas y se comentaban entre ellas y eran felices y la madre. Cuando iba en la prepa, casi toda la masa de gente de mi generación (y algunos mayores y otros menores) tenían una cosa demoniaca llamada hi5 o esa cosa del myspace.

Yo tuve un blog este intento de blog mejor dicho hasta el 2008 y entré en el vórtice del terror mundillo de las redes sociales por ahí del 2009. De hecho, tuve un hi5 ya cuando NADIE LO UTILIZABA porque se mudaron en manada a ese invento del Maligno llamado Fb (como cuando todos se mudaron en manada a Telegram y dejaron de usar Whatsapp como 2 semanas para luego volver al Whats... ¿se acuerdan?)

Tarde, tarde, tarde, tarde.

Ahora, que tengo espasmos de esperanza por recuperar este espacio, me cae el 20 de que los blogs, ¿QUÉ?. ¡LOS BLOGS, QUÉ!

¿La gente todavía lee blogs?, peor aún, ¿LOS COMENTA?

Hoy todo es Fb, twitter o vlogs. Instagram.

VALIÓ.

Llegué tarde al blog, like always.

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Pero bueno. Aún tengo algunas esperanzas. Si eres uno de mis lectores viejos, te darás cuenta de que cambié el diseño y la madre. Tengo unas secciones sin concluir que pronto estarán disponibles. Si eres un lector nuevo cosa que veo poco probable pues BIENVENIDX SEAS. Sí, con la x y todo con eso del lenguaje incluyente y así.

Aysi. Mi entrada-comercial de mi propio mugrero.

Saludos a mi amiga incómoda llamada DEPRESIÓN, que al fin aprendí a convivir con ella. Creo. (favor de leer "depresión" como si fuera un grito de guerra, por eso las mayúsculas)

Como sea, FESTEJEMOS.









Terminé de escribir esto y creo que no tiene sentido alguno....

6 de mayo de 2015

Historias de la ciudad

Llevo desde enero viviendo en la ciudad de México.

Ciudad a la cual,



O D I O



Con O de odioso
Con D de Dios me odia
Con I de insufrible
Con O de obesidad mórbida, oscurantismo, occiso y obituario.


Y así me puedo seguir con el diccionario.


Pero esa, es otra historia.

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Ya, no se claven DFliebers.

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    Tomo el trolebús en taxqueña como un montón de gente lo hace. El verde. Ese que cobra 2 pesos más que el blanco. Para mi es algo nuevo, ya que cuando era niña y vivía aquí nunca me subí a uno, solo los veía pasar a los lejos en calles específicas. Así que desde hace relativamente poco, soy una usuaria del trolebús. Ya tengo mis boletitos guardados. Pronto haré una flor como aquella flor chaira que me regaló el galán en turno hecha con los boletos de la ruta 5 de Cuernavaca. Anyway.

Cuando te subes al transporte público en el df tienes dos opciones. Que Dios, Yisus, Satán, Budha, Kim Jong-il, Salinas de Gortari o figura que idolatres en verdad te ame y te toque un camión/metro/trole vacío o al menos con un lugar disponible para que poses tus carnes y te la lleves leve en el tránsito eterno camino, o que todas las figuras anteriormente mencionadas, más tu madre, no tengan consideración alguna por ti y te subas a un extinto (no tan extinto) auto-sardina y tu cara termine en el sobaco de alguien y descubras lo que es echar la caricia mientras llegas a tu destino HORAS DESPUÉS.

Sabiendo estos interesantísimos y necesarios datos, ya podemos continuar. 

Aquel día me subí al trolebús. A veces me da por imaginar situaciones posibles que pueden ocurrir en el transporte público, pero aquel día mi mente estaba más bien tranquila. Tuve suerte y estaba medio vacío medio lleno. Nunca me había sentado hasta atrás y había un asiento disponible, así que caminé hasta el fondo después de depositar mis monedas y tomar mi boleto. 

El trole empezó a avanzar y poco después de pasar un puente peatonal me di cuenta que ya se había llenado. Solo recorro 5 estaciones, por lo que el trayecto es bastante rápido y es solo un parpadeo comparado con otras rutas, así que prácticamente mi mente va en blanco o va concentrada en la música que voy escuchando. Total, para qué me pongo a filosofar si el trayecto es corto y no me va a dar tiempo de descubrir el secreto de la vida encriptado en el sabor de los lava cakes. 

Aquí está el secreto de la vida bebés. Todo lo demás son mentiras.

Íbamos subiendo por el puente de taxqueña (puente que no sé si se llame así, pero que así lo nombré por la cercanía con el metro) y de repente dejó de subir el trole. Se empezó a hacer para atrás y lo primero que pensé fue que la nula pericia del chofer no permitió que subiera el puente como cualquier conductor decente y por lo tanto, se iba a echar de reversa para agarrar vuelo y poder subir el puente. 

Pensamiento que deseché 0.0002 segundos después de que me cayera el 20 de que íbamos en una curva y la reversa del chofer no fue tan efectiva y nos fuimos a estrellar al barandal de contención.

Aquí todo se volvió gritos y caos.

El trole ya no avanzaba, y solo se iba haciendo para atrás y chocando más con el muro.

Todas las señoras empezaron a gritar cosas como "nos vamos a morir", "nos vamos a caer", "Dios ten piedad de nosotros", todos los hombres se miraban entre si aterrados y claro, no faltaban los que no sentían absolutamente nada y veían el caos con cara de indiferencia. Las señoras que venían sentadas a mi lado en menos de un segundo ya se habían levantado y estaban en la parte de en medio del trole. 

¿Y yo? te preguntarás... A mi me dio un ataque de risa. 

No sé si reía de nervios, no sé si reía por las reacciones de las señoras, o no sé si reía por asomarme y ver que el vacío estaba a tan solo un cachito de nosotros. 

De repente, la chica que iba a mi lado me tomó del brazo y me dijo:

- Amiga no te espantes, es la segunda vez que le pasa esto al chofer.

Y mi ataque de risa se convirtió en ataque de carcajadas. 

Fue tal el caos dentro del trole que el chofer se levantó de su asiento y empezó a gritar:

¡Cállense! ¡cállense! ¡no nos vamos a caer!

Y hubo 2 segundos de silencio, en lo que la gente asimilaba que en efecto, el chofer era humano y hablaba. Después de eso el caos volvió. Y yo, me seguía riendo.

No sé en qué momento el trole dejó de moverse por si solo e impidió que cayéramos al vacío de una muerte digna de la portada del Alarma!. No sé en qué momento otro trole se detuvo detrás de nosotros y el chofer se bajó a "desconectar" nuestro trole de la luz. No sé en qué momento las puertas se abrieron y todas las señoras se bajaron corriendo. Yo me quedé en la baba mientras aún sufría espasmos de risa, hasta que la chica que me había tomado del brazo me dijo "amiga ya vámonos a bajar".

Antes de bajarme voltee a ver al chofer que seguía dentro del trole, como el capitán del barco que se hunde y se queda dentro para verificar que todos los pasajeros fueron evacuados, y me despedí de él con una sonrisa de complicidad. 

Caminar entre el trole y el barandal de contención, voltear al vacío y ver el pavimento con autos transitando e ignorando completamente lo que estaba pasando arriba de sus cabezas me hizo pensar en todo lo que puede salir mal en un día completamente normal y nada fuera de lo común. Y también me pareció curioso que justo el día en el que mi mente no estaba alerta o se andaba inventando historias de posibles sucesos que pudieran ocurrir, pasara este curioso importuno. 

Dejé de andar perdida en mi propia mente cuando me di cuenta que estaba recargada en el barandal del puente de taxqueña a las 9 algo de la mañana con el tránsito detenido y el trolebús que iba atrás de nosotros ya se estaba comenzando a mover porque ya estaba lleno (de sus pasajeros más las señoras que venían conmigo y se subieron a ese trole, aún espantadas y algunas aún santiguándose). 

Volví a pensar cuando, 2 trolebuses después, ya iba sentada a mi destino y recordé que después de todo la ciudad no es tan mala como la había estado pintando en estos meses y al final de cuentas no es tan diferente de como la recordaba. 

Un caos controlado. 

Manada de troles en reposo, tomando el sol.










Tal vez hubiera pensando distinto de la ciudad, incluso, odiarla más que nunca si ese trole se hubiese caído al vacío y esta entrada la hubiera tenido que escribir desde el infierno. Pero afortunada o desafortunadamente nada de eso pasó. 



Cheers.