6 de mayo de 2015

Historias de la ciudad

Llevo desde enero viviendo en la ciudad de México.

Ciudad a la cual,



O D I O



Con O de odioso
Con D de Dios me odia
Con I de insufrible
Con O de obesidad mórbida, oscurantismo, occiso y obituario.


Y así me puedo seguir con el diccionario.


Pero esa, es otra historia.

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Ya, no se claven DFliebers.

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    Tomo el trolebús en taxqueña como un montón de gente lo hace. El verde. Ese que cobra 2 pesos más que el blanco. Para mi es algo nuevo, ya que cuando era niña y vivía aquí nunca me subí a uno, solo los veía pasar a los lejos en calles específicas. Así que desde hace relativamente poco, soy una usuaria del trolebús. Ya tengo mis boletitos guardados. Pronto haré una flor como aquella flor chaira que me regaló el galán en turno hecha con los boletos de la ruta 5 de Cuernavaca. Anyway.

Cuando te subes al transporte público en el df tienes dos opciones. Que Dios, Yisus, Satán, Budha, Kim Jong-il, Salinas de Gortari o figura que idolatres en verdad te ame y te toque un camión/metro/trole vacío o al menos con un lugar disponible para que poses tus carnes y te la lleves leve en el tránsito eterno camino, o que todas las figuras anteriormente mencionadas, más tu madre, no tengan consideración alguna por ti y te subas a un extinto (no tan extinto) auto-sardina y tu cara termine en el sobaco de alguien y descubras lo que es echar la caricia mientras llegas a tu destino HORAS DESPUÉS.

Sabiendo estos interesantísimos y necesarios datos, ya podemos continuar. 

Aquel día me subí al trolebús. A veces me da por imaginar situaciones posibles que pueden ocurrir en el transporte público, pero aquel día mi mente estaba más bien tranquila. Tuve suerte y estaba medio vacío medio lleno. Nunca me había sentado hasta atrás y había un asiento disponible, así que caminé hasta el fondo después de depositar mis monedas y tomar mi boleto. 

El trole empezó a avanzar y poco después de pasar un puente peatonal me di cuenta que ya se había llenado. Solo recorro 5 estaciones, por lo que el trayecto es bastante rápido y es solo un parpadeo comparado con otras rutas, así que prácticamente mi mente va en blanco o va concentrada en la música que voy escuchando. Total, para qué me pongo a filosofar si el trayecto es corto y no me va a dar tiempo de descubrir el secreto de la vida encriptado en el sabor de los lava cakes. 

Aquí está el secreto de la vida bebés. Todo lo demás son mentiras.

Íbamos subiendo por el puente de taxqueña (puente que no sé si se llame así, pero que así lo nombré por la cercanía con el metro) y de repente dejó de subir el trole. Se empezó a hacer para atrás y lo primero que pensé fue que la nula pericia del chofer no permitió que subiera el puente como cualquier conductor decente y por lo tanto, se iba a echar de reversa para agarrar vuelo y poder subir el puente. 

Pensamiento que deseché 0.0002 segundos después de que me cayera el 20 de que íbamos en una curva y la reversa del chofer no fue tan efectiva y nos fuimos a estrellar al barandal de contención.

Aquí todo se volvió gritos y caos.

El trole ya no avanzaba, y solo se iba haciendo para atrás y chocando más con el muro.

Todas las señoras empezaron a gritar cosas como "nos vamos a morir", "nos vamos a caer", "Dios ten piedad de nosotros", todos los hombres se miraban entre si aterrados y claro, no faltaban los que no sentían absolutamente nada y veían el caos con cara de indiferencia. Las señoras que venían sentadas a mi lado en menos de un segundo ya se habían levantado y estaban en la parte de en medio del trole. 

¿Y yo? te preguntarás... A mi me dio un ataque de risa. 

No sé si reía de nervios, no sé si reía por las reacciones de las señoras, o no sé si reía por asomarme y ver que el vacío estaba a tan solo un cachito de nosotros. 

De repente, la chica que iba a mi lado me tomó del brazo y me dijo:

- Amiga no te espantes, es la segunda vez que le pasa esto al chofer.

Y mi ataque de risa se convirtió en ataque de carcajadas. 

Fue tal el caos dentro del trole que el chofer se levantó de su asiento y empezó a gritar:

¡Cállense! ¡cállense! ¡no nos vamos a caer!

Y hubo 2 segundos de silencio, en lo que la gente asimilaba que en efecto, el chofer era humano y hablaba. Después de eso el caos volvió. Y yo, me seguía riendo.

No sé en qué momento el trole dejó de moverse por si solo e impidió que cayéramos al vacío de una muerte digna de la portada del Alarma!. No sé en qué momento otro trole se detuvo detrás de nosotros y el chofer se bajó a "desconectar" nuestro trole de la luz. No sé en qué momento las puertas se abrieron y todas las señoras se bajaron corriendo. Yo me quedé en la baba mientras aún sufría espasmos de risa, hasta que la chica que me había tomado del brazo me dijo "amiga ya vámonos a bajar".

Antes de bajarme voltee a ver al chofer que seguía dentro del trole, como el capitán del barco que se hunde y se queda dentro para verificar que todos los pasajeros fueron evacuados, y me despedí de él con una sonrisa de complicidad. 

Caminar entre el trole y el barandal de contención, voltear al vacío y ver el pavimento con autos transitando e ignorando completamente lo que estaba pasando arriba de sus cabezas me hizo pensar en todo lo que puede salir mal en un día completamente normal y nada fuera de lo común. Y también me pareció curioso que justo el día en el que mi mente no estaba alerta o se andaba inventando historias de posibles sucesos que pudieran ocurrir, pasara este curioso importuno. 

Dejé de andar perdida en mi propia mente cuando me di cuenta que estaba recargada en el barandal del puente de taxqueña a las 9 algo de la mañana con el tránsito detenido y el trolebús que iba atrás de nosotros ya se estaba comenzando a mover porque ya estaba lleno (de sus pasajeros más las señoras que venían conmigo y se subieron a ese trole, aún espantadas y algunas aún santiguándose). 

Volví a pensar cuando, 2 trolebuses después, ya iba sentada a mi destino y recordé que después de todo la ciudad no es tan mala como la había estado pintando en estos meses y al final de cuentas no es tan diferente de como la recordaba. 

Un caos controlado. 

Manada de troles en reposo, tomando el sol.










Tal vez hubiera pensando distinto de la ciudad, incluso, odiarla más que nunca si ese trole se hubiese caído al vacío y esta entrada la hubiera tenido que escribir desde el infierno. Pero afortunada o desafortunadamente nada de eso pasó. 



Cheers.

4 comentarios:

ぅみ様 dijo...

Yo debería estar durmiendo... Pero salvajemente me encontre con la entrada nueva y no pude evitarla, y una vez que empiezas no puedes detenerte... xD
Amo cómo relatas, y está historia ya la sabía, y aún así he vuelto a reír mucho.
Gracias por compartir siempre las cosas tan mágicas y hacerlas aún más intensas con tu forma de escribir *O* ♥

Maricarmen Guillen Mandujano dijo...

¡¡Es lo mejor que he leído en taaanto tiempo!!
Este blog debe volverse patrimonio virtual de la humanidad, internet no era lo mismo sin él.
Me encanta que estés de vuelta y leer todas tus aventuras en este "caos controlado" que es el amado defectuoso.

:D

Anuka Del Mal dijo...

ぅみ様: muchas gracias por las flores! y gracias por leerme cuando deberías estar durmiendo jajaja

Maricarmen Guillen Mandujano: caaaaaalma patrimonio virtual de la humanidad jajajaja, en todo caso, este blog está MUY lejos de obtener ese estatus jajajaja. Gracias por las flores :)

nancy juglar dijo...

weeey que miedo no ma ..y que risa jaja